«¿Sabes que una vez tuve una cita con Simba?»Es probablemente una frase que Matthieu ha escuchado demasiadas veces. Desde que Sébastien vivió en Nueva York, le encanta contar que tuvo una cita con uno de los actores que interpretaba a Simba en el musical El rey león de Broadway. Así que, cuando decidimos viajar a Londres para ver por fin el espectáculo, la anécdota vuelve a salir. Y no solo una vez. Matthieu seguramente ya se sabe toda la historia de memoria, pero eso no impide que Sébastien vuelva a contarla.
A principios de marzo volamos a Londres, una de nuestras capitales europeas favoritas. Nos encanta su energía, sus barrios, cada uno con una personalidad distinta, y esa sensación de que siempre queda algo nuevo por descubrir. Volvemos a menudo por los musicales, los bares gays de Soho, los mercados y, sencillamente, por el placer de pasear. Esta vez nos acompaña el sol, lo que hace todavía más agradables las largas caminatas. Al llegar al aeropuerto, vamos a nuestro hotel Leonardo, cerca de Tower Bridge, para dejar las cosas. No queremos perder ni un minuto: salimos enseguida a explorar la ciudad.


Ponemos rumbo a Carnaby Street, en pleno Soho, uno de esos lugares a los que nos gusta volver en cada visita. Con sus instalaciones suspendidas sobre la calle, sus tiendas originales, sus fachadas de colores y sus callejuelas animadas, el barrio invita a pasear sin prisa. Entramos en tiendas, miramos escaparates y disfrutamos de reencontrarnos con ese ambiente londinense que tanto nos gusta. El sol nos acompaña y pronto decidimos parar a tomar la primera copa. Después seguimos por las calles llenas de vida, entre restaurantes y salones recreativos, antes de cenar en Fatt Pundit, un restaurante especializado en cocina indochina, una mezcla de técnicas culinarias chinas y especias indias originaria de Calcuta. Los platos están buenísimos, aunque el servicio es bastante apresurado. Apenas terminamos de comer, entendemos que ya toca dejar la mesa a los siguientes clientes. No es el lugar ideal para alargar la sobremesa, pero comemos de maravilla.
De todos modos, tenemos una buena razón para no entretenernos: nos espera El rey león. Es el principal motivo por el que organizamos este viaje a Londres. El musical se representa en el Lyceum Theatre, un precioso teatro del West End que acoge exclusivamente El rey león desde 1999. Cuando descubrimos la magnitud de la puesta en escena, entendemos por qué. Todo parece pensado para el espectáculo, con decorados impresionantes, complejos mecanismos escénicos y un uso del espacio que va mucho más allá del propio escenario.

Por supuesto, conocemos la historia y las canciones de la película de animación, pero nunca habíamos visto su adaptación teatral. Desde los primeros minutos comprendemos por qué lleva tantos años triunfando. El vestuario, las marionetas, los decorados y los movimientos de los artistas dan vida a los animales de una manera fascinante. Nos impresiona especialmente la creatividad de la puesta en escena, capaz de transformar simples siluetas y materiales en personajes increíblemente expresivos. La música, las luces y la energía del elenco hacen el resto. Salimos encantados, con la sensación de haber redescubierto una historia que creíamos conocer de memoria. Y, por supuesto, Sébastien no pierde la ocasión de recordar una última vez su anécdota neoyorquina.
Después del espectáculo volvemos a Soho, nuestro barrio favorito para salir de noche en Londres. Empezamos en Comptons of Soho, un histórico bar gay siempre animado, antes de seguir por las calles cercanas. También regresamos al Duke of Wellington, uno de nuestros bares preferidos de la zona. Nos gusta su ambiente acogedor, la facilidad con la que la gente entabla conversación y esa sensación de volver a un sitio conocido, aunque solo visitemos Londres unas pocas veces al año. El único inconveniente es que algunos locales cierran bastante antes de lo que nos gustaría. Aun así, aprovechamos bien la noche antes de volver al hotel.
Al día siguiente empezamos por Camden Town, otro barrio del que nunca nos cansamos. Puede que sea muy turístico, pero nos encanta su lado extravagante, sus escaparates llamativos, el arte urbano y esa sucesión de pequeñas tiendas en las que podríamos pasar horas. Paseamos por las calles y por Camden Market, paramos a tomar un café con algo de bollería y seguimos recorriendo los puestos. Siempre hay algo que mirar, una tienda insólita por descubrir o una fachada que merece una foto. Esa mezcla de creatividad, desorden y energía es precisamente lo que le da encanto al barrio. Nos lo tomamos con calma, disfrutamos del sol e incluso nos damos el gusto de tomar un aperitivo antes de marcharnos.



Después decidimos cruzar parte de Londres en bicicleta hasta Portobello Road y Notting Hill, dos lugares que nos gustan tanto como Camden, aunque por motivos muy distintos. Aquí cambia el ambiente: las calles están flanqueadas por casas de tonos pastel, las pequeñas tiendas se mezclan con puestos de antigüedades y los mercados invitan a curiosear. Nos encanta recorrer Portobello Road, mirar objetos antiguos, descubrir pequeños comercios y alejarnos de vez en cuando de las calles más concurridas para admirar las casas de colores. No somos especialmente fans de la película Notting Hill, pero entendemos perfectamente por qué este barrio se ha hecho tan famoso. Con el cielo azul, las fachadas están todavía más bonitas y pasamos buena parte de la tarde caminando sin mirar el reloj.


Al final del día paramos a tomar dos Aperol Spritz, una costumbre que parece imposible abandonar, estemos donde estemos. Después regresamos a Soho para disfrutar de nuestra última noche londinense. Volvemos al Duke of Wellington antes de descubrir algunos bares más de la zona. También pasamos por Simmons Oxford Street, un local de ambiente relajado donde tomamos unas copas y aprovechamos un fotomatón para hacernos unas fotos de recuerdo. Es exactamente el tipo de noche que nos gusta en Londres: empezamos en un lugar conocido, nos dejamos llevar por el ambiente y terminamos descubriendo algo nuevo. Las horas pasan volando y, como tantas otras veces, nos habríamos quedado un rato más.
Pero el viaje ya está llegando a su fin. Toca recoger nuestras cosas y poner rumbo al aeropuerto. No hemos intentado visitar todos los monumentos ni llenar cada hora del itinerario. Simplemente hemos vuelto para disfrutar de nuestros barrios favoritos, descubrir El rey león y reencontrarnos con esa energía londinense que siempre nos deja con ganas de regresar.
En cuanto a Matthieu, al menos puede alegrarse de una cosa: ahora que ya hemos visto El rey león, quizá Sébastien no tenga que volver a contar su historia con Simba. Aunque tampoco podemos prometer nada.