De Interlaken al funicular
Comenzamos nuestra caminata en Interlaken, un lugar que se siente profundamente suizo y lleno de turistas. Después de aparcar en el centro de la ciudad, cogimos el funicular hasta Harderkulm. En sólo unos minutos estábamos muy por encima del valle, listos para abordar la cresta.
Comienzos de bosque y nubes a la deriva.
El sendero comenzaba bajo los árboles, con nubes envolviendo los picos en misterio. Avanzamos silenciosamente, emocionados por el pensamiento de lo que nos esperaba más arriba.
El panorama se desarrolla
Pronto la niebla se disipó y la vista se abrió de par en par. Aparecieron dos lagos de color turquesa, Brienz a un lado y Thun al otro, brillando como joyas. Encontramos un lugar con césped para hacer un picnic. Almorzar con esa vista fue inolvidable.
A lo largo de la cresta, vértigo y asombro
El camino se hizo más estrecho y aéreo. Caminar era como flotar entre el cielo y el viento. A cada paso, la vista cambiaba y requería otra foto más. Simplemente no pudimos resistirnos.
La cabra montés, majestuosa y numerosa
Al doblar una curva, un íbice se quedó quieto, mirándonos. Luego otro y otro. Pronto vimos a varios de ellos pastando pacíficamente. Su presencia hizo que la caminata fuera aún más especial.
Nubes amenazantes, pero salvándonos
Por un momento pensamos que nos atraparía una tormenta. El cielo se oscureció, la luz cambió, el aire se volvió pesado. Al final, la lluvia pasó justo a nuestro lado, dejándonos secos y agradecidos. Seguimos adelante, aliviados y felices.
La llegada a Habkern y el autobús fantasma
Después de unas cinco horas de caminata llegamos a Habkern, cansados pero entusiasmados. Paramos en una pequeña cafetería para tomar un café y una merecida cerveza. Fue entonces cuando supimos que el autobús de regreso a Interlaken solo funcionaba con reservas. Por supuesto, no habíamos reservado nada. Así que esperamos unos cuarenta y cinco minutos hasta que finalmente vino un Uber a recogernos. Un final divertido para un día lleno de belleza.
Conclusión: una caminata inolvidable.
El Hardergrat es ahora una de nuestras rutas favoritas. La esbelta cresta, los lagos surrealistas, los encuentros con íbices, el cielo en constante cambio. Exigente, sí, pero pura magia de principio a fin.